domingo, 29 de junio de 2014

Creación propia

Bueno, además de leer cuentos, también dedico algo de tiempo a la escritura propia. Por el hecho de que debo subir material personal coherente con el tema que estoy tratando, he decidido publicar uno de mis cuentos que escribí hace ya unos dos años aproximadamente. El cuento se llama "crimen" y a continuación está adjuntado:

Crimen 
Vivía solo en ese tiempo. "La espera me agotó", comenzaba la canción. Estaba borracho en ese minuto, sentía hasta ganas de vomitar, no sólo por el alcohol, sino por la sensación de estar solo."¿Y qué otra cosa puedo hacer?"
  Mi celular sonó como no lo hacía hace dos o tres semanas. Quedé paralizado. Me dio miedo contestar, eran las una de la madrugada y era imposible que fueran mis padres, a menos que haya ocurrido algo terrible en mi casa.
  Luego de todas las imágenes mentales que pasaron por mi cabeza, me acerqué al teléfono y pude darme cuenta que era un número desconocido. Contesté con incertidumbre y curiosidad, pero era una voz femenina. El efecto del alcohol había disminuido.
 -Ernesto, disculpa que te moleste a esta hora, pero necesito de tu ayuda - contestó la voz de la mujer la cual me parecía bastante familiar.
 -¿Con quién hablo? - le respondí preguntando.
 -Ah perdón, pensé que me reconocerías. Soy Úrsula, me recuerdas supongo.
  Efectivamente era quien sospechaba por el tono de voz y realmente, ¿cómo podría olvidarla?; Úrsula, era esa, mi compañera de curso: dulce, atractiva, voluptuosa, la que inspiró tantos versos, tantos sueños en mi enseñanza media.
 -Quería pedirte un tremendo favor. Me enteré que vivías en Santiago solo y necesito quedarme por tres días a lo menos, necesito realizar unos trámites y asistir a unas clases. ¿Podría alojarme en tu departamento durante esos días?
  Como era de costumbre, mi mente empezó a llenarse de pensamientos vagos, de lo que podría pasar si ella vivía unos días conmigo. Quizás pueda finalmente mostrarle mi amor escondido que sentí durante tantos años, y poder finalmente ser feliz. Pero es bastante extraño que una compañera que no veo hace tres años me llame a mi teléfono, ¿cómo se consiguió el número?, ¿quién le dijo que yo vivía solo?, ¿qué tipo de trámites debía hacer que duraran tres días?
 -Sí, claro - le dije sin saber lo que decía.
 -En todo caso, ya voy viajando, llegaré como en una hora más.
  Le expliqué el metro que donde debía bajarse y la dirección donde se ubicaba mi edificio, pero nos pusimos de acuerdo en que la iría a buscar cuando ella llegara.
  Seguí tomando quizás producto de los nervios que sentí al saber que recibiría en mi departamento de soltero a la mujer que había admirado secretamente por tanto tiempo y que con suerte sabía que yo existía.
  Me hizo una llamada y me cortó antes que le contestara. Eso significaba que debía ir a buscarla. Eran las dos de la madrugada y a pesar de que llevaba tres años viviendo en Santiago nunca había salido solo a esa hora, pero gracias a Dios la encontré y pudimos volver sanos y salvos juntos a mi hogar.
   Se fijó que tenía una botella media llena de whisky y me preguntó si podía servirle un vaso. Nos sentamos en el sofá y terminamos la botella juntos. Las risas y los recuerdos de aquellos años de enseñanza media, iban y venían, a veces yo miraba disimuladamente su semblante, su nariz respingada, su cabello crespo, sus piernas algo más gruesas de la última vez que la vi. Todo iba excelente, hasta que comenzaron a presentarse momentos incómodos en los que nos mirábamos fijamente a los ojos en silencio. No encontraba el momento exacto para poder hacer lo que tanto deseaba, hasta que ella fue quien tomó la iniciativa.
  Era impresionante que alguien como yo haya logrado ser besado por esa mujer que tanto tiempo la deseé en mis sueños, y que hace sólo unos minutos nos habíamos reencontrado luego de no vernos por  tres años.
  Las cosas comenzaron a ponerse buenas para mí y nos fuimos trasladando poco a poco hacia mi habitación. Sí, fue mi primera vez.
  A la mañana siguiente desperté contento, vivo, con ganas de que eso se volviera a repetir por el resto de mi vida. Sin embargo ella, al parecer, no sentía lo mismo, puesto que se comenzó a vestir rápidamente, como asustada y avergonzada. Le pregunté lo que le pasaba mientras observaba su espalda. Sólo dijo que se debía ir, pero luego se sentó, me miró a los ojos y me dijo que lo había pasado bien, pero que ella tenía una relación hace cinco años que no se podía destruir por una simple "calentura".
  Eso fue lo que me molestó demasiado. Le dije que no se iría de mi casa hasta que se cumplieran los tres días que ella había solicitado quedarse en mi hogar. La abracé por detrás y besé su cuello tiernamente. Nos volvimos a besar, pero esta vez ella se soltó y comenzó a llorar.
  Me irrité y le di una palmada en su cara para que se callara. Nunca le había hecho algo así a una mujer. Estaba actuando de una manera inexplicable. Se paró para intentar arrancarse, pero no lo logró, ya que le agarré fuertemente su brazo. Tenía los ojos llenos de lágrimas y su pelo caído en su rostro.
 -¿Por qué haces esto Ernesto?- me preguntó con voz bastante temblorosa.
  Le respondí que siempre la había deseado, desde que llegó a mi curso aquel día 6 de Marzo del 2004, cuando comenzábamos primero medio. Que ahora que logré tenerla entre mis brazos no soportaría perderla nunca más.
Me respondió gritándome en la cara, lanzándome un escupitajo que me dejó todo mojado.-eres un egoísta, insensato, maniático y estúpido. Nunca tendrás una mujer si te sigues comportando así- me gritó y fue el alarido más doloroso que me han hecho hasta hoy. Con una fuerza descomunal, la arrojé al piso tirándole su cabello hermoso y ondulado. La golpeé en el piso a patadas mientras ella gritaba pidiendo ayuda hasta que de un momento a otro dejó de hacerlo: estaba muerta.

Si no podía ser mía, no sería de nadie más. Exhausto me tiré a la cama y la canción terminó para siempre: "Otro crimen quedará sin resolver".

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